Acogimos a nuestro hijo cuando era pequeño, lo criamos con valores de respeto, empatÃa y libertad. Lo vimos crecer, reÃr, descubrir el mundo. Hoy tiene 16 años.
Hace un tiempo empezó a juntarse con personas que nos preocupan profundamente. Personas que rechazan todo lo que somos como familia. Personas que promueven el odio hacia las minorÃas, hacia lo diferente, hacia el colectivo LGTBI, hacia todo aquello que no encaja en su visión estrecha del mundo.
Ver a nuestro hijo, repetir ideas racistas, homófobas o xenófobas es como sentir que se nos parte el alma. No solo porque ataca lo que somos, sino porque sabemos que eso viene del miedo, de la confusión, y quizás del deseo de pertenecer, de encajar en una etapa difÃcil como la adolescencia.
Estamos recibiendo ayuda. Psicológica, familiar, emocional. Pero hay dÃas en los que sentimos que estamos en un callejón sin salida, intentando amar donde parece que no hay espacio para ese amor.
No escribo esto por lástima, lo escribo porque creo que hay muchas familias como la nuestra que están atravesando cosas similares y necesitan saber que no están solas.
Criar a un hijo no es una historia lineal. Amar a alguien no siempre es fácil. Pero aquà estamos, de pie, luchando desde el amor, aún cuando duele.
Gracias por leer.