El accidente

Kain69

 


No había tiempo de volver atrás, ya no te podré decir cuánto te quería, era demasiado tarde. Maldito accidente, falleciste en el acto. Me quedaron tantas cosas por decirte, me arrepiento de no haberlo hecho en vida.

 

 

Maldigo aquel árbol que se atravesó en nuestro camino; al coche que se le fueron los frenos; a la neblina que inundaba la carretera, que día tan aciago. Ni tiempo tuve de llevarte al hospital, no pude hacer nada, tu golpe fue mortal. Ahora solo queda verte una última vez a través de un cristal, junto a tu familia que seguro me odia.

 

 

Un olor dulce y suave impregnaba todo el ambiente, eran lirios, tus preferidas. Despertaron muchos recuerdos en mí, incluso alguno que ya lo daba por olvidado. Al menos tu familia tuvo el detalle de ponerte lirios, y además, dejarme entrar al tanatorio. Sus caras largas y tristes me hicieron saber nada más entrar, que no era bien recibido. Pero ahí estaba, contigo, siempre contigo, a tu lado.

 

 

Todos tus amigos estaban presentes, hasta Cristina, nunca le caíste bien. Aun así, se veía muy afligida la hipócrita. Algunos solo para figurar, otros se les notaba verdaderamente consternados. Tu perdida ha sido un mazazo para todos, especialmente para mí.

 

 

Todos estaban conmocionados. Le daban animo a tus familiares, pero ninguno se acercaba a mí, nadie se percataba de mi presencia, ni una mirada perdida me dedicaron, como si no existiera. Sabía que todos me culpaban del accidente. Solo tú sabes que jamás te haría daño, que aquel accidente no fue mi culpa.

 

 

Llego el momento de la despedida, el último adiós de aquellas personas a las que nunca le importaste. Espere al último, quería estar un momento contigo a solas y decirte lo mucho que te voy a extrañar, no quería compartir ese momento con nadie, era lo último tuyo que iba a atesorar en mi memoria.

 

 

Estabas tan apacible, tu rostro relajado reflejaba una serenidad absoluta. Ningún rastro de aquellas magulladuras del accidente. En cambio, yo, parecía que me había pasado un camión por encima. Ya era la hora, te tenía que dejar ir, pronto cerrarían tu ataúd y solo me quedarían tus recuerdos. En ese momento comprendí que solo  necesitaba era verte una última vez, ya me tenía que ir, también era mi hora.