No
habÃa tiempo de volver atrás, ya no te
podré decir cuánto te querÃa, era demasiado tarde. Maldito accidente,
falleciste en el acto. Me quedaron tantas cosas por decirte, me arrepiento de
no haberlo hecho en vida.
Maldigo
aquel árbol que se atravesó en nuestro
camino; al coche que se le fueron los frenos; a la neblina que inundaba la
carretera, que dÃa tan aciago. Ni tiempo tuve de llevarte al hospital, no pude
hacer nada, tu golpe fue mortal. Ahora solo queda verte una última vez a través
de un cristal, junto a tu familia que seguro me odia.
Un
olor dulce y suave impregnaba todo el ambiente, eran lirios, tus preferidas.
Despertaron muchos recuerdos en mÃ,
incluso alguno que ya lo daba por olvidado. Al menos tu familia tuvo el detalle
de ponerte lirios, y además, dejarme entrar al tanatorio. Sus caras largas y
tristes me hicieron saber nada más entrar, que no era bien recibido. Pero ahÃ
estaba, contigo, siempre contigo, a tu lado.
Todos
tus amigos estaban presentes, hasta Cristina, nunca le caÃste bien. Aun asÃ, se veÃa muy
afligida la hipócrita. Algunos solo para figurar, otros se les notaba
verdaderamente consternados. Tu perdida ha sido un mazazo para todos,
especialmente para mÃ.
Todos
estaban conmocionados. Le daban animo a tus familiares, pero ninguno se
acercaba a mÃ, nadie se
percataba de mi presencia, ni una mirada perdida me dedicaron, como si no
existiera. SabÃa que todos me culpaban del accidente. Solo tú sabes que jamás
te harÃa daño, que aquel accidente no fue mi culpa.
Llego
el momento de la despedida, el último
adiós de aquellas personas a las que nunca le importaste. Espere al último,
querÃa estar un momento contigo a solas y decirte lo mucho que te voy a
extrañar, no querÃa compartir
ese momento con nadie, era lo último tuyo que iba a atesorar en mi memoria.
Estabas
tan apacible, tu rostro relajado reflejaba una serenidad absoluta. Ningún rastro de aquellas magulladuras
del accidente. En cambio, yo, parecÃa que me habÃa pasado un camión por encima.
Ya era la hora, te tenÃa que dejar ir, pronto cerrarÃan tu ataúd y solo me
quedarÃan tus recuerdos. En ese momento comprendà que solo necesitaba era verte una última vez, ya me
tenÃa que ir, también era mi hora.
