Despertares

Kain69

 


—Al fin despiertas —dijo Andrés

—La verdad, estaba mucho mejor dormida, no quería despertar.

—Ya tendrás tiempo para descansar, créeme.

¿Qué sabrás tú? Ni me conoces. Mataría por estar en tu lugar y lo sabes.

—Eso, haberlo pensado antes, ahora, creo que como mínimo, ya es un poquito tarde — dijo Andrés con un tono de sarcasmo, a la vez que levantaba la ceja derecha.

—Lo sé todo sobre ti. Te conozco muy bien — decía Raquel, sin vacilación, mientras le miraba fijamente a los ojos.

No me lo creo, pero si así fuese, me da absolutamente igual.

 

 Andrés intentaba no hacerle mucho caso, pensaba que estaba delirando. Siempre ha sido una persona muy reservada y no comparte con nadie sus cosas personales, por eso pensaba que Raquel le estaba vacilando.

 

¿Entonces? No me vas a contar porque estas tan cabreado con tus padres —Pregunto Raquel

¿Cómo sabes eso? ¿Eres una acosadora o qué? con mis padres no ha pasado nada, nunca paso nada, tal vez ese era el problema.

—Ves, algo ha pasado. Aunque no lo creas, conozco a tus padres y déjame decirte que son encantadores.

—Lo dices por compromiso, si te hubiese tocado vivir con ellos, no dijeras lo mismo.

—No hay que albergar tantos rencores, hay que dejar salir toda la rabia. Un día no aguantaras y explotaras, llenando de mierda a todo lo que te rodea.

—Que lista…. tal vez deberías volver a dormirte, en fin, ya no tienes nada que hacer.

—Ya…ya…. No seas pesado, tengo poco tiempo y no quiero usarlo para sacar tus mierdas a relucir, ahora estamos hablando de mí, así que atención a lo que te voy a decir.

—Venga, suéltalo ya, no tengo tanto tiempo como crees.

—Necesito que le digas a …… — decía Raquel mientras un grito la interrumpió.

¡Andrés! —Grito Sergio —¿Qué coño haces? Hay que acabar ya, la familia está esperando.

—Ya voy, ya voy. Estoy acabando, solo le falta algún retoque en el maquillaje y listo.

—Acaba ya, además, ¿con quién demonios hablabas? recuerda que tenemos prohibido hablar por el móvil mientras trabajamos.

—Con nadie, hablaba solo.

 

Andrés disimulo y siguió preparando a Raquel, se quedó pensando, «Que demonios querrá esta tía, a quien quería que le dijera algo»

 

—Raquel, despierta…. Raquel. —Le Susurró Andrés al oído.

—Raquel joder, ¡despierta! ¿Qué le digo y a quién? — Esta vez acompaño sus susurros con unas palmaditas en el hombro.

 

Insistió, pero no consiguió respuesta. En la sala reinaba el silencio. Raquel no despertaba ni despertaría. Inerte sobre aquella camilla de preparación, tan tiesa como un pedazo de tronco, no había ni un ápice de movimiento.

 

Apesadumbrado, se apresuró a acabar de maquillar a Raquel. Por las fotos que le había dado su familia, vio que era una chica que siempre iba muy emperifollada, le gustaba maquillarse. Le dio un poco más de rubor, estaba muy pálida.

 

¡Sergio! Ya está esta lista, ven a ver.

—Vaya trabajo tío. Eres todo un artista —dice Sergio mientras veía fijamente el cadáver de Raquel.

—No trabajo aquí de casualidad….

¡Que modestia la tuya! Enseguida llamo a la familia, ¡Capullo!

—Déjate de historias y ven a ayudarme a meterla en la caja, que no veas como pesa la tía esta.

—Dame un momento, llamo a su madre y te ayudo.

 

El contacto con la familia era lo que menos le gustaba a Sergio de su trabajo. A pesar de saber de memoria el decálogo para este tipo de casos, seguía haciéndolo mal y metiendo la pata hasta el corvejón.

 

—Buenos días, ¿María?

—Si, con ella habla — Respondió la madre de Raquel

—Le llamo desde el tanatorio. Ya está todo preparado para el velatorio.

—En breve saldremos de casa, estaremos en veinte minutos — Respondió sollozando.

 

Sergio y Andrés se encontraban a la entrada a la capilla, Ataviados con sendos trajes de color negro, corbatas del Primark y un tufo a perfume de supermercado, recibiendo a todos los amigos y familiares de la difunta. En el ambiente había un sentimiento de perdida, reflejado en todas aquellas caras de tristeza de los que han asistido a dar la última despedida.  La madre, especialmente destrozada, no paraba de llorar y lamentarse.

 

Andrés escuchaba atentamente a la madre de Raquel «Huele a melocotón, se que mi niña está aquí presente, lo sé, asi es como olía su perfume» Ella aseguraba que su hija estaba presente en ese momento, la podía oler, la podía sentir.

 

El dar consuelo no era una de las características principales de Andrés, esté, solo asentía con la cabeza a toda la perorata que le estaba soltando la madre de Raquel. Se decía así mismo «Claro que Raquel está presente. ¡Esta al final en la caja de pino! además, ¿Qué olor a melocotón?, ya te digo yo que huele a formol que te cagas»

 

Entre el trasiego de gente que salía y entraba de la capilla, Andrés siempre levantaba la mirada tratando de ver el ataúd, con la esperanza de volver a escuchar su voz, buscando alguna respuesta. Pero no, ya no podía escuchar nada, se había ido. Sin dar ninguna explicación. Se quedaría con las ganas de saber lo que quería decirle, una incógnita que quedará clavada en sus pensamientos.