—Al
fin despiertas —dijo Andrés
—La
verdad, estaba mucho mejor dormida, no
querÃa despertar.
—Ya
tendrás tiempo para descansar, créeme.
—¿Qué sabrás tú? Ni me conoces.
MatarÃa por estar en tu lugar y lo sabes.
—Eso,
haberlo pensado antes, ahora, creo que como mÃnimo, ya es un poquito tarde — dijo Andrés con un tono de sarcasmo, a la vez
que levantaba la ceja derecha.
—Lo
sé todo sobre ti. Te conozco muy bien —
decÃa Raquel, sin vacilación, mientras le miraba fijamente a los ojos.
— No me lo creo, pero si asà fuese, me
da absolutamente igual.
Andrés intentaba no hacerle mucho caso,
pensaba que estaba delirando. Siempre ha sido una persona muy reservada y no
comparte con nadie sus cosas personales, por eso pensaba que Raquel le estaba
vacilando.
—¿Entonces? No me vas a contar porque
estas tan cabreado con tus padres —Pregunto Raquel
—¿Cómo sabes eso? ¿Eres una acosadora
o qué? con mis padres no ha pasado nada, nunca paso nada, tal vez ese era el
problema.
—Ves,
algo ha pasado. Aunque no lo creas, conozco
a tus padres y déjame decirte que son encantadores.
—Lo dices por compromiso, si te hubiese
tocado vivir con ellos, no dijeras lo mismo.
—No
hay que albergar tantos rencores, hay que dejar salir toda la rabia. Un dÃa no aguantaras y explotaras,
llenando de mierda a todo lo que te rodea.
—Que
lista…. tal vez deberÃas volver a
dormirte, en fin, ya no tienes nada que hacer.
—Ya…ya…. No seas pesado, tengo poco
tiempo y no quiero usarlo para sacar tus mierdas a relucir, ahora estamos
hablando de mÃ, asà que atención a lo que te voy a decir.
—Venga,
suéltalo ya, no tengo tanto tiempo
como crees.
—Necesito
que le digas a ……
— decÃa Raquel mientras un grito la interrumpió.
—¡Andrés! —Grito Sergio —¿Qué coño haces?
Hay que acabar ya, la familia está esperando.
—Ya
voy, ya voy. Estoy acabando, solo le falta algún retoque en el maquillaje y listo.
—Acaba
ya, además, ¿con quién demonios hablabas?
recuerda que tenemos prohibido hablar por el móvil mientras trabajamos.
—Con
nadie, hablaba solo.
Andrés
disimulo y siguió preparando a Raquel, se quedó pensando, «Que demonios querrá esta
tÃa, a quien querÃa que le dijera algo»
—Raquel,
despierta…. Raquel. —Le
Susurró Andrés al oÃdo.
—Raquel
joder, ¡despierta! ¿Qué le digo y a quién?
— Esta vez acompaño sus susurros con unas palmaditas en el hombro.
Insistió, pero no consiguió respuesta. En
la sala reinaba el silencio. Raquel no despertaba ni despertarÃa. Inerte sobre
aquella camilla de preparación, tan tiesa como un pedazo de tronco, no habÃa ni
un ápice de movimiento.
Apesadumbrado,
se apresuró a acabar de maquillar a Raquel. Por las fotos que le habÃa dado su familia, vio que era una
chica que siempre iba muy emperifollada, le gustaba maquillarse. Le dio un poco
más de rubor, estaba muy pálida.
—¡Sergio! Ya está esta lista, ven a
ver.
—Vaya
trabajo tÃo. Eres todo
un artista —dice Sergio mientras veÃa fijamente el cadáver de Raquel.
—No
trabajo aquà de
casualidad….
—¡Que modestia la tuya! Enseguida
llamo a la familia, ¡Capullo!
—Déjate de historias y ven a ayudarme
a meterla en la caja, que no veas como pesa la tÃa esta.
—Dame
un momento, llamo a su madre y te ayudo.
El contacto
con la familia era lo que menos le gustaba a Sergio de su trabajo. A pesar de saber de memoria el
decálogo para este tipo de casos, seguÃa haciéndolo mal y metiendo la pata
hasta el corvejón.
—Buenos
dÃas, ¿MarÃa?
—Si,
con ella habla — Respondió la madre de Raquel
—Le
llamo desde el tanatorio. Ya está todo preparado para el velatorio.
—En
breve saldremos de casa, estaremos en veinte minutos — Respondió sollozando.
Sergio y Andrés se encontraban a la entrada a la capilla,
Ataviados con sendos trajes de color negro, corbatas del Primark y un tufo a
perfume de supermercado, recibiendo
a todos los amigos y familiares de la difunta. En el ambiente habÃa un sentimiento de
perdida, reflejado en todas aquellas caras de tristeza de los que han asistido a dar la última despedida. La madre, especialmente destrozada, no paraba
de llorar y lamentarse.
Andrés escuchaba atentamente a la
madre de Raquel «Huele a melocotón, se que mi niña está aquà presente, lo sé, asi
es como olÃa su perfume» Ella
aseguraba que su hija estaba presente en ese momento, la podÃa oler, la podÃa
sentir.
El
dar consuelo no era una de las caracterÃsticas
principales de Andrés,
esté, solo asentÃa con la cabeza a toda la perorata que le estaba soltando la
madre de Raquel. Se decÃa asà mismo «Claro que Raquel está presente. ¡Esta al
final en la caja de pino! además, ¿Qué olor a melocotón?, ya te digo yo que huele
a formol que te cagas»
Entre
el trasiego de gente que salÃa y entraba de la capilla, Andrés siempre
levantaba la mirada tratando de ver el ataúd,
con la esperanza de volver a escuchar su voz, buscando alguna respuesta. Pero
no, ya no podÃa escuchar nada, se habÃa ido. Sin dar ninguna explicación. Se
quedarÃa con las ganas de saber lo que querÃa decirle, una incógnita que
quedará clavada en sus pensamientos.
