Te lo dije

Kain69

Te o dije



Te dije bien claro, que no era tuyo, que solo te lo iba a prestar por un tiempo. Si, sé que duró menos de lo que esperabas, pero vamos, fueron años de alegrías ¿no? recuerdas aquella vez, que se estampo contra la puerta de cristal del patio porque estaba tan limpia que no la vio, o aquella vez que con dos movimientos se quitó el arnés y tuviste que salir corriendo en chanclas por toda la calle tras él. Se que es difícil, pero tienes que recordarlo así.

 

Te dije que era un ser especial, que sus encantos te iban a obnubilar. El sufrió mucho, lo viste por ti mismo, todo el sufrimiento en su pequeña alma, ¿te acuerdas de aquellos Rx donde viste que aún tenía perdigones dentro? Malditos cazadores, vivió un verdadero infierno, pero no iba a permitir eso, por eso lo mande contigo.

 

En aquel entonces, estuve dando vueltas y vueltas por todo el planeta, buscando a alguien que le enseñara alguna que otra lección, estaba buscando un maestro, uno verdadero, que atendiera sus necesidades, uno que saliera corriendo al veterinario apenas tuviera el mínimo amago de que le sucediese algo, alguien que le quisiera incondicionalmente. De toda la gente que conocí, te elegí a ti.

 

Al principio, cuando aquella chica que lo tenía en acogida lloraba a mares mientras te daba su correa, y el tímidamente se escondía tras ella, queriendo pasar desapercibido, con su rabo entre las piernas y todo su pequeño cuerpo temblando, realmente no di ni un duro por ti, pensé que me había equivocado.

En mi mundo, no caben las equivocaciones, así que ya estaba buscando la manera de mover esos hilos, él tenía que estar con una persona que fuese también especial. Decidí darte unos días de plazo, me resistía a creer que me había equivocado, nunca lo hago.

 

Sucedió, no sabes cómo me alegré aquel día cuando vi que asomo su trufa por la puerta del salón, pasito a pasito se acerco a ti y delicadamente puso su cabecita sobre tus piernas, vi un brillo especial en sus ojos y me di cuenta, de que, en ese momento, estaba comenzando algo importante, pero no solo para él, para ti también.

 

Se que le diste todo tu amor, y dime, ¿no valió la pena? Yo se que sí, aunque tu aún maldigas al cielo y odies al mundo, aunque aún no aceptes que ya era su hora de partir, y rebusques entre mil explicaciones y te sigas culpando por no haber hecho mejor las cosas. Yo sé que valió la pena y que más tarde o temprano lo comprenderás, porque toda la alegría que te trajo vale bien la pena a cambio del dolor de perderlo.

 

Te dije que en algunos años iría a buscarle. Sí, sé que llegué antes, pero no pude esperar más, ya era su hora, estaba cansado y tenía que partir. Ya había aprendido su lección y aunque tu rencor te impida reconocerlo, también aprendiste muchísimas cosas. Ahora te queda un último capítulo que aprender, tal vez sea el más difícil de todos y es que entiendas el porqué. La respuesta es muy simple, a través de ti y tu amor incondicional, logre cumplir mi plan para el y en su recuerdo, comprenderás que realmente quien más aprendió, fuiste tu.


Se que tu alma aún está buscando consuelo y no debería decirte esto, pero quiero que sepas que está aquí a mi lado y me manda a decirte algunas cosas, que está muy bien, que corre, salta y ¡come más que un remordimiento! Que es muy feliz. Te dice que, si crees que podría haber amado a alguien más que a ti, que sepas que te ha amado más que a sí mismo, que, aunque le dieras todas las comodidades y le dejarás subir a tu cama, que sepas que contigo también habría dormido sobre el frio suelo.

 

Te manda a decir que no te preocupes, que no está solo, que Zuri te manda unos lametones gigantes y que también es muy feliz, te dice que no te sientas solo, que el no ha dejado su lugar junto a ti, que si crees que su vida ha sido corta, que no hubiera querido vivir ni un minuto más si no lo hubiera estado contigo. Te manda a decir que cuando cierras los ojos cada noche, él se queda dormido a tu lado y que, si volviese a renacer, le gustaría estar contigo nuevamente. También te dice que no te arrepientas de haber tomado esa dura decisión de aquel día, que él siempre ha confió en ti y que no cambiaria ni un solo segundo la vida que ha pasado contigo.

 

Pronto aprenderás esta gran lección y pasaras la página del dolor. Yo sabía de antemano todo lo que iba a pasar y por eso les quite las alas a dos ángeles y te los mande para que no estuvieras solo. Ellos te ayudarán a superar esta gran perdida. De momento, sé que hay días en que te provoca estamparlos contra la pared, tómalo como una nueva lección, paciencia, crecerán y estoy seguro les enseñaras tan bien, como le enseñaste a lolo.