Te lo dije....
Te dije bien claro que no era tuyo, que solo te lo
iba a prestar por un tiempo. Si, sé que duró menos de lo que esperabas, pero
vamos, fueron años de alegrÃas ¿no? recuerdas aquella vez, que se estampo
contra la puerta de cristal del patio porque estaba tan limpia que no la vio, o
aquella vez que con dos movimientos se quitó el arnés y tuviste que salir
corriendo en chanclas por toda la calle tras él. Se que es difÃcil, pero tienes
que recordarlo asÃ.
Te dije que era un ser especial, que sus encantos te
iban a obnubilar. El sufrió mucho, lo viste por ti mismo, todo el sufrimiento contenido en su pequeña alma. ¿Recuerdas aquellos Rx donde viste que aún tenÃa
perdigones dentro? Malditos cazadores, vivió un verdadero infierno, pero no iba
a permitir eso, por eso lo mande contigo.
En aquel entonces, estuve dando vueltas y vueltas
por todo el planeta, buscando a alguien que le enseñara alguna que otra
lección, estaba buscando un maestro, uno verdadero, que atendiera sus
necesidades, uno que saliera corriendo al veterinario apenas tuviera el mÃnimo
amago de que le sucediese algo, alguien que le quisiera incondicionalmente. De
toda la gente que conocÃ, te elegà a ti.
Al principio, cuando aquella chica que lo tenÃa en acogida
lloraba a mares mientras te daba su correa, y el tÃmidamente se escondÃa tras
ella, queriendo pasar desapercibido, con su rabo entre las piernas y todo su
pequeño cuerpo temblando, realmente no di ni un duro por ti, pensé que me habÃa
equivocado.
En mi mundo, no caben las equivocaciones, asà que ya
estaba buscando la manera de mover esos hilos, él tenÃa que estar con una
persona que fuese también especial. Decidà darte unos dÃas de plazo, me
resistÃa a creer que me habÃa equivocado, nunca lo hago.
Sucedió, no sabes cómo me alegré aquel dÃa cuando vi
que asomo su trufa por la puerta del salón, pasito a pasito se acerco a ti y delicadamente
puso su cabecita sobre tus piernas para que le acariciaras. Vi un brillo especial en sus ojos y
me di cuenta, de que, en ese momento, estaba comenzando algo importante,
pero no solo para él, para ti también.
Se que le diste todo tu amor, y ahora dime, ¿no valió la
pena? Yo se que sÃ, aunque tu aún maldigas al cielo y odies al mundo, aunque
aún no aceptes que ya era su hora de partir, y rebusques entre mil
explicaciones y te sigas culpando por no haber hecho mejor las cosas. Yo sé que
valió la pena y que más tarde o temprano lo comprenderás, porque toda la
alegrÃa que te trajo, vale bien la pena a cambio del dolor de perderlo.
Te dije que en algunos años irÃa a buscarle. SÃ, sé
que llegué antes, pero no pude esperar más, ya era su hora, estaba cansado y
tenÃa que partir. Ya habÃa aprendido su lección y aunque tu rencor te impida
reconocerlo, también aprendiste muchÃsimas cosas. Ahora te queda un último capÃtulo
que aprender, tal vez sea el más difÃcil de todos y es que entiendas el porqué.
La respuesta es muy simple, a través de ti y tu amor incondicional, logre
cumplir mi plan para el y en su recuerdo, comprenderás que realmente quien más
aprendió, fuiste tu.
Se que tu alma aún está buscando consuelo y no
deberÃa decirte esto, pero quiero que sepas que está aquà a mi lado y me manda
a decirte algunas cosas, que está muy bien, que corre, salta y ¡come más que un
remordimiento! Que es muy feliz. Te dice que, si crees que podrÃa haber amado a
alguien más que a ti, que sepas que te ha amado más que a sà mismo, que, aunque
le dieras todas las comodidades y le dejarás subir a tu cama, que sepas que
contigo también habrÃa dormido sobre el frio suelo.
Te manda a decir que no te preocupes, que no está
solo, que Zuri te manda unos lametones gigantes y que también es muy feliz, te dice
que no te sientas triste, que el no ha dejado su lugar junto a ti, que si crees
que su vida ha sido corta, que no hubiera querido vivir ni un minuto más si no
lo hubiera estado contigo. Te manda a decir que cuando cierres los ojos cada
noche, él se quedara dormido a tu lado y que, si volviese a renacer, le gustarÃa estar
contigo nuevamente. También te dice que no te arrepientas de haber tomado la dura decisión de aquel dÃa, que él siempre confió en ti y que no cambiaria
ni un solo segundo la vida que ha pasado contigo.
Pronto aprenderás esta gran lección y pasaras la página
del dolor. Yo sabÃa de antemano todo lo que iba a pasar y por eso le quite las
alas a dos ángeles y te los mande para que no estuvieses solo. Ellos te ayudarán
a superar esta gran perdida. De momento, sé que hay dÃas en que te provoca
estamparlos contra la pared, tómalo como una nueva lección, paciencia, crecerán
y estoy seguro les enseñaras tan bien, como le enseñaste a lolo.
